Que tal amigos, soy Carlos y mi hermana es Natalia, fue cuando yo tenía 19 años y mi hermana tenía 18 recién cumplidos, cuando ocurrió esto cabe recalcar que mi hermana tiene una buena figura, unas tetotas y un buen culo, no será una musa, pero tiene lo suyo, bueno pues, un fin de semana nos encontrábamos en Puebla que es un lugar muy bonito, mis padres decidieron ir a un hotel que no recuerdo el nombre, en fin ese día desempacamos y fuimos a nadar todos en familia, al día siguiente mi hermana y yo decidimos ir a nadar por la mañana, mientras mis padres fueron a desayunar y después fueron a un masaje.
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Es una tarde de sábado rutinaria. Estoy sentado en un sillón en el cuarto de costura donde trabajaba incansablemente María, la madre de mi novia. Estoy esperando que Rosa termine de bañarse para salir. La espera será larga porque ella se toma mucho tiempo para bañarse, secar el largo y ensortijado pelo y maquillar sus verde ojazos. María tiene cerrada las cortinas para que el fuerte sol del verano no vuelva insoportable el pequeño cuarto. Igual hace mucho calor. La luz azulada de la pequeña y potente lámpara de la máquina de coser ilumina solo el pequeño espacio por donde una gran pieza de género para cortinas corre por debajo de la veloz aguja de la máquina. El ronroneo de la máquina, el calor, y el sopor del abundante almuerzo, me adormecen.
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Mi nombre es Natalia, tengo 35 años, odontóloga y vivo en Buenos Aires. Hace un año me encontraba muy sola y triste después de haber pasado por la experiencia traumática de una separación. Con mi ex nos divorciamos después que empezamos a tener problemas sin solución en nuestro matrimonio. La situación se estaba volviendo más que intolerante por lo que decidimos ponerle un fin lo menos traumático posible.
Una íntima amiga, Roxana, siempre fue mi cable a tierra y me apoyó en todo momento para que pudiera superar el trance. Empezamos a salir juntas, íbamos a bailar, al cine, en fin, nos divertíamos. Ella me aconsejaba para que comenzara a salir con hombres, pero yo no tenía muchas ganas de tener relaciones ocasionales y mucho menos meterme en compromisos. Me contó que estaba saliendo con un tipo, Gabriel con el que solo se veían cuando tenían ganas. Lo había conocido a través de un chat y la pasaba más que espectacular. Con él hacía todo lo que tenía ganas sin tener que pedir permiso. Ella me describía con lujo de detalles dónde, cómo y cuándo lo hacía. Es más, él la inició en el sexo anal, cosa que antes ella siempre había evitado. Se encontraban en sus departamentos o si no en algún hotel.
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Si, mi hermano Ernesto fue mi primer hombre, y posteriormente en varias ocasiones más, así sucesivamente hasta que me case con mi actual esposo que por casualidad también se llama Ernesto
No quiero que piensen que soy una loca promiscua, todo lo contrario. Hoy en día soy una mujer profesional felizmente casada, madre de dos niños, amante esposa, pero que no puedo o no quiero decirle que no a mi propio hermano.
Soy la tercera de tres hermanos, Ernesto es el mayor, Julio es el segundo, aunque debería decir que es la segunda, ya que es homosexual de closet. Y yo Marilyn soy la tercera. Nuestra familia es católica, y bastante conservadora. Normalmente en la temporada de carnaval, mis padres nos llevaban al campo o la playa, pero realmente no participábamos de esas fiestas, ya que mi papá decía que eso era cosa del diablo.
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En la playa por primera vez sentía coraje que los chicos la voltearan a ver, y se hicieran los graciosos, cosa que a ella le encantaba, puesto que siempre fue demasiado coqueta; razón por la que le pedí que se sentara a mi lado, y así lo hizo, estuvimos largo rato en la playa hasta que me dijo que nos fuéramos a la habitación.
Ya una vez en la habitación ella pasó a bañarse, mientras yo esperaba mi turno, cosa que aproveché para tratar de espiarla, ya que teníamos un baño enorme con un inmenso jacuzzi, me asomé y solo logré ver su silueta en la regadera, cosa que me calentó demasiado, y tuve que contenerme. Momentos después sale del baño y aún con la toalla puesta me dijo que si la iba a invitar a cenar al lujoso restaurante del hotel, a lo cual estuve de acuerdo, me metí a bañar, me arreglé y ella continuaba en toalla, maquillándose, por lo que le dije que esperaría en el restaurante, a lo que estuvo de acuerdo.
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