Hace tiempo que vengo dándole vueltas al tema: sé que no puedo olvidar mi faceta bisexual.
Tengo 30 años, y desde hace 10 he mantenido ocasionalmente alguna relación con otro chico como yo. Nada serio ni prolongado, simplemente el momento. Me considero heterosexual, esto es, que realmente sólo me gustan las mujeres: el tacto de su piel, sus pechos, sus nalgas, el sabor de su coño, pero no puedo (ni quiero) rechazar la idea de poder acariciar otro pene, de tener un amigo con el que mantener algo más que una buena amistad.
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Hacía al menos quince años que no nos veíamos. No tenía ni idea de quien acudiría a aquella estúpida cena de antiguos alumnos del colegio de los hermanos maristas de Valladolid. No suelo acudir a ese tipo de actos, me aburren soberanamente, pero la insistencia de Lucía, eran tus amigos… esos reencuentros son bonitos, me hizo claudicar.
Desde que nos mudamos a Madrid apenas habíamos tenido contacto con ninguno de mis antiguos compañeros, algunos de los cuales me resultaron casi irreconocibles. Teníamos 35 años, pero la mayoría de ellos estaban muy avejentados y parecían haber superado sobradamente la cuarentena. Nos sentíamos los más jóvenes de la fiesta. Lucía estaba resplandeciente y parecía imposible que tuviera la misma edad que las mujeres de mis compañeros. Sus miradas se clavaban en ella y eso hacía que me sintiera halagado y celoso al mismo tiempo.
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Primero me presento. Me llamo Loreto y recién he cumplido dieciocho años. Todavía no he tenido ocasión de votar. ¿Mi ilusión? Ser escritora. No soy muy alta, uno sesenta y dos si me estiro mucho, pero no hace falta medir más para tener de todo: no ando mal de pechos; más de una cree que son operados de lo bien puestos. Mi culete tiene su respingo. ¿Mis piernas? Gustan.
Llevo un piercing en el ombligo -una bolita de oro- y un tatoo -una mariposa- en la parte exterior del muslo izquierdo. Ah! Y dos hoyuelos en la espalda, a la altura de los riñones, que vuelven locos a los tíos. ¿La cara? Empezaré por el tejado: Soy morena y llevo el pelo corto. La nariz es un puntín larga, pero ¿quién se siente a gusto con su propia nariz? Los labios carnosos. De lo que estoy más orgullosa es del color de mis ojos: verdes como el trigo verde. Talla 38. Ni gorda ni delgada. Tengo lo que tengo donde hay que tenerlo, vaya. Voy a la Universidad y ¿ya he dicho que quiero ser escritora? Pues presentada quedo. Y ahora os cuento. Cruzo los dedos y os cuento:
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Ese día ella estaba bien bellaca. Llegó a nuestro encuentro en falda, lo que me indica el ánimo que traía, pues siempre anda en pantalones. Y no fue para menos, en el carro por la carretera de Caguas iba con sus piernas abiertas y la falda subida mostrando sus panties que apenas escondían su chocho hinchado, peludo y caliente. Cuando apenas la conocía me dijo que tenía la concha chiquita pero carnosa; y así es.
Días antes, para mi asombro, cuando acordamos esta cita me dijo: Quería que se la diera por el culo ya que hacía tiempo no cogía por el culo…
Gran sorpresa la mía pues aunque me ha regalado el ano antes es algo que nunca se menciona. No sabía que le gustara tanto (pues todas las veces que le como el culo se lo saca enseguida y quejándose) ni como me iba a demostrar ese día lo experta que se ha convertido haciéndolo.
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Si bien en cierto que desde chico sabía mis inclinaciones, también es cierto que lo negaba, ya que para mi primero estaba el pudor y la vergüenza, de forma que durante muchos años, me negué a sentir y buscar los placeres.
No fue, sino hasta que tenía unos 20 años, cuando me había dado cuenta que en mi cuidad de origen habían abierto un sitio de películas X, y esa inquietud por ver por primera diferente al mío (ya que hasta entonces nunca lo había hecho), decidí entrar.
La oscuridad del lugar me llevó involuntariamente a sentarme junto a dos tipos, que lógicamente no conocía y no podía ver, es más no quería verlos, ya para mí era toda una odisea haber entrado a aquel lugar. En el momento estaban proyectando una película de sexo en un lugar campestre en donde un tipo se comía a una mujer.
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