A los 19 años conocí, mientras estaba de vacaciones en Punta del Este, a una chica muy interesante que se convertiría en mi novia durante los próximos dos años y medio. Se llamaba María, tenía la misma edad que yo, era rubia, de ojos marrones, cuerpo atlético y grandes pechos.
De entrada nos llevamos muy bien en todas las áreas, especialmente en todo lo referente al sexo. Si bien ella no era una chica muy experimentada (bueno… tampoco era virgen) no temía probar cosas nuevas como el sexo anal. Otra cosa que nos excitaba mucho era tener sexo en lugares públicos y/o al aire libre. Empezando por los médanos de Punta, seguimos por lugares como los asientos traseros de un ómnibus mientras íbamos de Buenos Aires a Pinamar, el ascensor de su departamento, las escaleras del mismo edificio y otros, en el mar, en varias piletas de natación, y una noche hasta en el patio de una conocida Iglesia de Barrio Norte. En resumen, teníamos una vida sexual plena e interesante.
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Mi nombre es Jacqueline, soy de Perú, tengo 27 años y estoy casada desde hace un par de años, lo que me ha sucedido es reciente y gracias a un amigo me he animado a contarles lo que me sucedió y esperar sus consejos.
Mi marido no es celoso y por ello trabajo de mesera en un restaurante Hooters aquí en larcomar de Lima, para los que no saben las chicas Hooters llevamos unos politos muy ajustados con unos short naranjas, de la paga no me quejo porque se gana muy buenas propinas…
Es verdad no me he descrito, cabello negro rizado, ojos pardos, mido 160, mis medidas son 100, 66, 95 así que mis mayores atributos son mis senos que me gusta aprovechar, por tal nunca uso brasier cuando trabajo (no saben la buena propina que se gana jijjii), hasta ahí todo bien hasta lo que me sucedió hace unas semanas.
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Doña Olga no podía creerlo cuando abrió el sobre que contenía la única evidencia existente de un obscuro pasado que había intentado olvidar durante años. ¿Cómo era posible que estos dos jóvenes tuvieran en su poder esa revista con las fotografías que hacía más de 25 años se había dejado tomar?
Súbitamente le vino a la mente aquella tarde de septiembre cuando asistió a aquel reducido estudio fotográfico para llevar a cabo aquella sesión. En aquellos días ella no pensó en consecuencias, a sus 18 años no pensaba que alguien conocido podría tener acceso a esas revistas eróticas, así que había ido por propia voluntad, motivada por la emoción de hacer algo a escondidas a sabiendas de que era algo indebido, pero ni ella ni Claudia, Elena, ni Flor se arrepintieron de posar desnudas para esta publicación de circulación local, ni tampoco de haber aceptado la inclusión de modelos de sexo masculino.
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Por la mañana, a primera hora, recorríamos el duro y difícil camino hasta el mar, vereda abajo. Nos llevaba alrededor de una hora de lento esfuerzo por senderos de picón negro, pisando rocas y traicioneras zarzas, por entre palmeras canarias, hacia las aldeas de los pescadores. Todos los días bajaba a la cala, donde el mar penetraba en una pequeña bahía redonda de tal transparencia, que podía sumergirme hasta el fondo y ver bancos de peces e insólitas plantas acuáticas.
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Primero me presento. Me llamo Loreto y recién he cumplido dieciocho años. Todavía no he tenido ocasión de votar. ¿Mi ilusión? Ser escritora. No soy muy alta, uno sesenta y dos si me estiro mucho, pero no hace falta medir más para tener de todo: no ando mal de pechos; más de una cree que son operados de lo bien puestos. Mi culete tiene su respingo. ¿Mis piernas? Gustan.
Llevo un piercing en el ombligo -una bolita de oro- y un tatoo -una mariposa- en la parte exterior del muslo izquierdo. Ah! Y dos hoyuelos en la espalda, a la altura de los riñones, que vuelven locos a los tíos. ¿La cara? Empezaré por el tejado: Soy morena y llevo el pelo corto. La nariz es un puntín larga, pero ¿quién se siente a gusto con su propia nariz? Los labios carnosos. De lo que estoy más orgullosa es del color de mis ojos: verdes como el trigo verde. Talla 38. Ni gorda ni delgada. Tengo lo que tengo donde hay que tenerlo, vaya. Voy a la Universidad y ¿ya he dicho que quiero ser escritora? Pues presentada quedo. Y ahora os cuento. Cruzo los dedos y os cuento:
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