Conocí a una chica, que estaba no muy guapa, pero que se caía de buena, unas nalgotas, que cada que la veía se me paraba la verga, la llamaré Sandra, pues bien nos conocimos y nos comenzamos a tratar, alguien algún día quiso agarrarle las nalgas y le regresó una bofetada, y comentó que al único que dejaría que se las agarrara era a mi.
Me quedé pensando en lo que había dicho, pues todos comentaban que ella era lesbiana, pero en fin, y así transcurrieron días, meses, no se, pero nos llevábamos muy pesado y cada vez que yo podía le decía que tenía ganas de coger con ella, y ella solo reía, hasta que un día que estábamos hablando por teléfono yo le dije que cuando me iba a dar chance de coger y ella me contestó que si de verdad quería coger con ella fuera en ese instante, pues presto que me voy hacia su casa, tardé unos cuantos minutos en llegar a su domicilio.
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Este relato sucedió hace pocos meses en Huelva, un sábado que salí de juerga por mi ciudad conocí a una chica, se llamaba Ana, era joven, veinte años, morena, guapa, alta, delgada, tetas duras y grandes, un culo redondito, o sea que estaba bastante bien, ella era modelo. Cuando fueron las cuatro de la madrugada, ella se fue, no sin antes darme el número de teléfono suyo para que la llamase.
Al día siguiente, contacté con ella, y quedamos para ir al cine, así estuvimos unas días, hasta que uno me dijo que ella era virgen aun, que le daba mucha vergüenza, y que por eso me lo contaba por si la quería dejar, yo le dije que eso no era nada malo, y que alguna vez sería la primera, de esta forma tuvimos nuestra primera relación sexual, en la que Ana me dijo que lo máximo que había hecho era una pajilla a un amigo con la mano.
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La juventud y el calor a vces te traen hechos inesperados en la vida y conoces nuevas facetas de tu curepo y apeténcias sexuales de las cuales desconocias.
Todo empezó un día de verano en la caravana de mi primo hace años, cuando hablando y hablando surgió que mi primo me dijo que si nos hacíamos unas pajas. Yo le dije que vale.
Fue pasando el rato y nos estabamos haciendo la paja que mi primo con el calenton me propone que nos la hagamos uno al otro. Yo me resisti pero al final accedi y coji su polla con la mano y se la empecé a pajear.
Era una sensacion estraña tener la polla de otro en la mano, pero me empezo a gustar.
Así paso tiempo que cada vez que nos veíamos nos la pelábamos uno al otro, hasta que un día estaba mas bien caliente y cuando se descuido me la metí en la boca y la empece a mamar pero él me paró: le parecía que ya era mucho.
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