Lo que voy a relatarles a continuación es una experiencia 100% real que me ocurrió el verano del 2008. Me había desplazado de vacaciones a la bellísima ciudad de Málaga para olvidarme del estrés de Madrid, y disfrutar de la playa. A la vez que aprovechaba para visitar a mis tíos.
Me alojaron como es costumbre en su casa. Los dos primeros días fueron de lo más tranquilos, alegría por ver a mis tíos. Jornadas intensivas de playa y un poco de pachangueo por las tardes. Discúlpenme cachondos lectores pues olvidaba presentarme.
Digamos que me llamo Manuel (es mi auténtico nombre, aunque muchas veces he leído en este tipo de confesiones que la gente se cambia el nombre), tengo 31 años, practico varios deportes y para ser fiel a la historia me veo obligado a ser presumido admitiendo que físicamente estoy bastante bien. Una vez presentado prosigo con mi experiencia que dejé en la mañana del tercer día de vacaciones.
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Tengo un matrimonio amigo al cual veo desde hace muchos años, llevamos siendo trío más de 10 años, nos conocimos en el cine Paseo, en esa época en que ese cine además del Latino, el Paris, el Metropolitan y otros eran el paraíso de los mirones y exhibicionistas, donde encontrar parejas para tríos o solo para mirar no era cosa tan complicada. Todo eso se terminó desafortunadamente y ahora es bastante difícil contactar en los cines pequeños que tenemos ahora (esa es mi percepción, quizás si existan y no se cuales son).
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soy Mónica, mis hijos sufren de hiperspermia, una enfermedad que desarrolla en enorme medida los niveles de producción de esperma, por consiguiente la cantidad de semen que sale es brutal, demencial, es mucho, por razones de salud de mi hijo y algunas cosas que sucedieron terminé ayudándole a mi hijo Lorenzo a eyacular, en el último relato le colaboré a mi hijo Daniel, pero siento que las cosas se están saliendo de las manos.
Son las 6:55 am, me levanto siempre minutos antes de las 7, me empiezo a alistar, con mis hijos solo ha pasado lo que los lectores conocen hasta el momento, era un día de trabajo, donde entro a las 8:30 am, me voy a duchar, salgo en toalla, como ya saben mis senos son muy grandes, por consiguiente la tolla queda casi flotando en el aire sostenida por mis senos, de pequeña vivía acomplejada por este fenómeno, pero ya me acostumbré y trato de lucirlas, así que me puse un escote muy pronunciado, y una falda hasta la rodilla muy suelta, entro a la habitación de mis hijos para despertarlos, en la cama estaba Daniel, recostado de medio lado, lo toco en el hombro para que se levante, pero no reacciona, así que comienzo a sacudirlo más fuerte, al fin despierta…
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Primero me presento. Me llamo Loreto y recién he cumplido dieciocho años. Todavía no he tenido ocasión de votar. ¿Mi ilusión? Ser escritora. No soy muy alta, uno sesenta y dos si me estiro mucho, pero no hace falta medir más para tener de todo: no ando mal de pechos; más de una cree que son operados de lo bien puestos. Mi culete tiene su respingo. ¿Mis piernas? Gustan.
Llevo un piercing en el ombligo -una bolita de oro- y un tatoo -una mariposa- en la parte exterior del muslo izquierdo. Ah! Y dos hoyuelos en la espalda, a la altura de los riñones, que vuelven locos a los tíos. ¿La cara? Empezaré por el tejado: Soy morena y llevo el pelo corto. La nariz es un puntín larga, pero ¿quién se siente a gusto con su propia nariz? Los labios carnosos. De lo que estoy más orgullosa es del color de mis ojos: verdes como el trigo verde. Talla 38. Ni gorda ni delgada. Tengo lo que tengo donde hay que tenerlo, vaya. Voy a la Universidad y ¿ya he dicho que quiero ser escritora? Pues presentada quedo. Y ahora os cuento. Cruzo los dedos y os cuento:
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Si bien en cierto que desde chico sabía mis inclinaciones, también es cierto que lo negaba, ya que para mi primero estaba el pudor y la vergüenza, de forma que durante muchos años, me negué a sentir y buscar los placeres.
No fue, sino hasta que tenía unos 20 años, cuando me había dado cuenta que en mi cuidad de origen habían abierto un sitio de películas X, y esa inquietud por ver por primera diferente al mío (ya que hasta entonces nunca lo había hecho), decidí entrar.
La oscuridad del lugar me llevó involuntariamente a sentarme junto a dos tipos, que lógicamente no conocía y no podía ver, es más no quería verlos, ya para mí era toda una odisea haber entrado a aquel lugar. En el momento estaban proyectando una película de sexo en un lugar campestre en donde un tipo se comía a una mujer.
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