¿Que tal amigos lectores? Esta ocasión les voy a platicar acerca de mi suegra. Se trata de una mujer cumpliendo sus 48 años de edad, es una suegra muy joven si se pueden dar cuenta. Físicamente hablamos de una mujer de 1.60mts de estatura, con algunos kilitos de más, pero de muy buenas formas. Para ser un poco más precisos les diré que no es muy bonita de cara, de pechos es algo pequeña con pezones grandes y negros.

Tiene marcada la cintura y un abdomen un poco abultado después de tener 2 hijos. Sus nalgas son en realidad su mayor atractivo, les hablo de un par de nalgas duras y firmes, bien paraditas y marcadas. Sus piernas no son menos que eso, se trata de un par de piernas esculturales, de ese tipo de piernas como de mujer que ha ido al gimnasio por muchos años, sin embargo, se trata de piernas naturales; tiene los muslos gruesos y marcados, las rodillas delgadas, unas pantorrillas bien torneadas y definidas, tobillos delgados y unos pies lindos con dedos bonitos. De verdad les escribo esto y se me para de recordarla. Respecto a su forma de ser es muy sencilla, fácil de llevar bien, de carácter fuerte y firme, con una gran bondad y un corazón que no le cabe en el pecho, de verdad se trata de una mujer buena, orillada un poco por el marido tan conflictivo y manipulador que yo haya conocido, además le lleva 10 años de edad, así que el vetusto ya ni puede cogérsela.

Estoy casado con su hija, una chica lista, de hecho, demasiado lista y que conste que he dicho “lista” y no he dicho “inteligente”, es una gran diferencia. Las cosas con ella no han ido muy bien últimamente y esta situación me ha acercado mucho a mi suegra, con quién de por sí ya me llevaba muy bien.

Yo desde hace algunos años comencé a coquetear con Vero, la verdad me encanta su físico y siempre he estado seguro que a esa edad las mujeres cogen mucho más rico que en cualquier otra edad. Siempre le hacía bromas sexuales, que ella no paraba, aunque tampoco callaba, eso es cierto. Yo cada vez que podía me asomaba a su escote, o le veía las nalgas, sobre todo con algunos pantalones. Una ocasión incluso la llegué a encontrar con un short haciendo el aseo de su casa, pero este short además de corto estaba semi-transparente, así que podía verla y darme cuenta que no tenía ropa interior, fue una de las veces que más me he excitado al verla.

Mi madre tiene un departamento en una ciudad de playa mexicana que se llama Acapulco; ahí generalmente nos pasábamos algunos días o la semana entera con mi esposa y mis suegros. En esta ocasión mi esposa y mis suegros se adelantaron y yo tuve que quedarme en la ciudad para terminar algunos asuntos de mi empresa; me apresuré lo más que pude para irme a la playa y alcanzarlos a la hora de la comida, sin embargo se me hizo un poco tarde y llegué como a las 6pm. Para esta hora no encontré a nadie en el departamento, así que supuse que se habían ido a caminar a la playa o al centro comercial por lo que me quité la ropa me tomé un par de cervezas y me metí a dar una ducha.

Para cuando salí se me hizo fácil quedarme un minuto sin ropa acostado en la cama, disfrutando del aire acondicionado, sin pensarlo me quedé dormido, normalmente me daría cuenta si alguien llegara porque siempre traen mucho escándalo. Dormido, sentí una mano en el hombro, en ese momento reaccioné que estaba completamente desnudo. Era mi suegra y con algo de pena me decía: “Vete al baño a vestir, no puedes estar así en el cuarto!”. La verdad no supe cuanto tiempo tenía ella en la habitación, hasta que me hizo un comentario cuando salí con un short y una playera, lo recuerdo perfectamente:

- Eres más grande que mi marido.

Mi sorpresa fue enorme porque me di cuenta que ella hablaba evidentemente de mi miembro y eso me dio pie a darle toques sexuales a nuestra plática. Aprovechando que no estaba mi esposa ni mi suegro le invité una cerveza a mi suegra y ella accedió, la verdad me dio gusto que no me despreciara. Seguimos platicando, ya saben, del clima y esas cosas sin importancia. Luego le pregunté que donde estaban los ausentes y ella me dijo que se habían ido a otra playa buscando un restaurante de mariscos muy famoso, pero muy lejos. En ese momento sonó mi celular y era mi esposa que me decía que estaban muy lejos, que la carretera estaba sola y que el ejército andaba en la zona buscando a unos narcotraficantes, así que se iban a tener que quedar en una palapa, solo para pasar la noche y en la mañana estarían en Acapulco con nosotros. De esta forma supe que me iba a quedar solo con mi suegra toda la noche.

Con un poco más de calma invité a mi suegra a salir a dar un paseo, yo sabía que eso la acercaría más a mí, finalmente teníamos toda la noche y para las mujeres es muy importante sentirse más que solo un pedazo de carne. Así que nos salimos, platicamos, de vez en cuando le tocaba la cadera como para darle el paso y ella accedía de muy buena forma. Nos regresamos al departamento y yo me encargué de hacerle algo de cenar, la verdad soy muy bueno para eso de la cocinada. Aproveché para darle unos mariscos con vino blanco para suavizarla un poco más, desinhibirla. Ella hacía bromas acerca de lo afrodisiacos que son los mariscos para los hombres y yo le seguía la corriente y le decía cosas como: “ni modo suegra, ahora como no está tu hija me vas a tener que atender tú!”.

Se nos acabó el vino blanco así que salí a la tienda a comprar más cervezas para seguir con ella en el balcón de mi habitación, viendo la playa y el mar. Para cuando regresé mi suegra tenía puesta una camiseta larga, como camisón para dormir, así que le pregunté si ya la había aburrido y me dijo que no, que solo se había cambiado para estar más cómoda. Yo hice lo mismo, me cambié y me quedé solo con mi short.

Seguimos tomando y me di cuenta que mi suegra ya estaba un poco borracha, lo sé porque yo me sentía algo mareado así que ella debía estar menos acostumbrada al alcohol que yo. Además estaba muy risueña y contenta. Para esa hora ya no se preguntaba donde estarían su hija y su marido, si estaban bien o habían cenado, etc.

Yo le dije que le daba masaje en su pie, se iba recuperando de una fractura en el tobillo y cuando caminaba mucho se le hinchaba un poco. Subí su pie a mi pierna, sentados en los camastros de mi balcón. Le daba masaje en su pie, pero me acercaba cada vez más a ella y tomaba cada vez más de su pierna, además aprovechaba para tocar mi entrepierna con su pie, eso me excitaba aún más. Se podía ver la erección que tenía y no me preocupaba en esconderla. De pronto, en un arrebato me llevé su pie a mi boca y le lamí su dedo gordo. En ese momento no supe que iba a pasar, se iba a enojar o me iba a dejar sentado en el balcón, etc.

Fue una gran sorpresa que me dijera: “Quería que hicieras eso!” y cerró los ojos, así que prácticamente me dio luz verde para lo que seguía. Yo tomé sus piernas y las abrí frente a mí, pero en lugar de bajarme le busqué la boca para besarla, nos besamos un buen rato, con mucha pasión y nuestros cuerpos buscaban nuestras zonas más excitantes. Yo le subí la playera y me di cuenta que traía una tanga y no tenía top puesto, cosa que yo había notado antes al ver sus pezones parados. Me dediqué a chuparle los pezones y a tocarla en las piernas y la espalda, no me metí en ese momento a tocarla abajo, tenía que esperar y lograr que me rogara por que la tocara.

Una vez que vi que estaba súper excitada por fin me bajé y comencé a chuparle la panocha, ella me apretaba la cara con sus piernas y yo la acariciaba y le tocaba los pies que tanto me gustaban. Levanté un poco la tanga y ya estaba súper mojada, pero mi mayor sorpresa fue que estaba completamente rasurada, esto es algo que yo le había comentado semanas antes, la miré y me dijo: “así me querías, verdad?”. Así que me dediqué por completo a hacerla disfrutar y le lamía el clítoris, le masajeaba con mi lengua, le chupaba los labios, le metía el dedo y tocaba su punto G, pero mi otra mano siempre estaba buscando alguna parte de su cuerpo, sus pezones, o su culito virgen.

Llegó un momento que me quiso separar, así que supuse que venía su orgasmo y no quise separarme de esa linda panochita tan rica y mojada, así que seguí chupándole hasta que su respiración se hizo más corta y sentí como se venía en mi cara y me enterraba la cara con sus manos, me apretaba la cabeza con sus piernas y sus pies estaban torcidos de placer. Por un momento pensé que iba a arrepentirse de lo que había hecho y nos íbamos a separar, pero de hecho fue todo lo contrario, descansó un poco y me tumbó en el camastro. Me bajó el short y me tocaba con las manos, también trató de poner mi verga en medio de sus pechos, pero lo mejor de todo fue cuando se bajó y me empezó a mamar la verga.

En ese momento yo no podía creer que me estuviera pasando algo así, lo había deseado tanto y por fin se me había concedido. Tengo la imagen clara de mi suegra quitándose el cabello de la cara para que yo pudiera ver como se metía toda mi verga a su boca, me masajeaba los huevos y su otra mano estaba con su boca tocándome. De pronto yo sentí que me iba a venir y la puse sobre mí haciendo un 69. Era un placer tener su panocha en la cara y sentir su boca en mi verga, además lo hacía con tantas ganas que de verdad inspiraba. Los dos estábamos entregados a hacernos sentir el mayor placer posible, yo aprovechaba para mojarme el dedo con sus jugos y le metía la punta en su culito, ella respondía apretando un poco, pero después de un rato ya podía meterle casi todo mi dedo.

Estando en esa posición sentí que no podía aguantar más y me vine en su boca, ella al sentir eso no me soltó, al contrario, me chupó con más fuerza y tomó mi verga con sus dos manos. En ese momento que yo estaba un poco fuera de mí, sentí como apretaba todo su cuerpo y supe que se iba a venir otra vez y así fue. Yo no dejé de mover mi lengua contra su clítoris y tampoco saqué el dedo de su culito, además apretaba sus nalgas tan ricas. Nos quedamos en esa posición un minuto, regresando a nuestros cuerpos mientras no parábamos de acariciarnos ni un momento.

Nos paramos del camastro del balcón y ella se fue al baño a limpiar, yo me quedé afuera lavándome las manos, pero con el olor de la panocha de mi suegra en la boca. Me quedé acostado en la cama y prendí la TV. Seguía buscando canales cuando ella llegó conmigo y se acostó a mi lado, yo pasé mi brazo bajo su cabeza y nos quedamos abrazados. En uno de los canales de la TV había una escena de pornográfica y dejé de cambiarle ahí.

Ella levantó su cabeza para ver y yo la besé nuevamente, ya saben, como cuando andas de novio recién y quieres besarla todo el tiempo. Así, pero la cosa no se había terminado. Ella me acarició nuevamente la verga y esta respondió muy rápido alistándose nuevamente para otra faena. Era mi suegra, la fantasía desde hace mucho tiempo, en la playa solos, con el canal pornográfico y con su olor que yo conocía de sus calzones, pero ahora en la boca, era mi sueño hecho realidad.

Me agarró la verga y me masajeaba, yo tocaba sus piernas y sus nalgas, así que ella se bajó y yo le respondí con la misma cortesía. Hacíamos nuevamente el 69 y yo podía meter mi dedo en su culito. Ella se volteó y me dejó boca arriba pero se abrió de piernas y se enterró mi verga de un solo movimiento, comenzó a moverse, de forma riquísima, como si fuera bailarina de “belly dance”, de atrás hacia adelante con movimientos muy ricos, de verdad me estaba cogiendo riquísimo mi Vero. Yo tocaba sus pechos y sus pezones, trataba de levantarme para chupárselos y besarla. Yo pensé en cambiar de posición para darle variedad, pero sentí que ella comenzó a moverse más rápido y a frotarse con más fuerza contra mi verga, de pronto se dejó de mover y sentí cómo me comía su vagina por dentro, sentí sus músculos contraerse y le salieron chorros de su eyaculación sobre mi cuerpo, no paraba de temblar y la veía tan fuera de sí misma que me encantaba y llenaba mi orgullo de hombre al ver a mi hembra tan descontrolada y llena de placer. Recuerdo que me dijo: “Nadie nunca, me había hecho sentir esto… es tan rico!”.

Ella sabía que yo no me había venido todavía, así que se paró y se puso en cuatro a la orilla de la cama para que la pudiera coger de perrito, yo me levanté y me excité mucho más al verla de nalgas pidiéndome, rogándome, para que me la siguiera cogiendo. Al verla así se me antojó comerle la panocha por detrás, a mí siempre me han encantado sus nalgas, así que qué mejor premio que ese. Cuando la estaba comiendo por detrás le metía la lengua también en su culito que se apretaba cada vez que pasaba por ahí.

Sentí que ella se estiró para tomar algo del buró y era nada más ni nada menos que una crema lubricante, y me dijo: “ahora quiero que te vengas dentro de mí, en mi culo, te lo regalo, es virgen”. Yo acepté la crema y me puse mucha porque Vero era virgen y no quería lastimarla, aunque ya había estado trabajando en relajarla un poco del culo con mis dedos y hasta con mi lengua.

Ella se sentó encima de mí y se ensartó mi verga, yo comencé a metérsela poco a poco, con movimientos muy suaves, hasta que entró toda y ahora podía moverme muy lentamente. Fui acelerando el paso y llegamos a tener un buen ritmo, ella estaba muy excitada y comenzó a hablarme sucio y a decirme cosas como: “reviéntame el culo mi vida”, “agárrame las nalgas que son tuyas”, “disfrútame que soy tu puta”, cosas así que me pusieron al filo del orgasmo.

Sentí un cosquilleo en mi espalda y luego en mi abdomen, apreté las piernas y sentí cómo salían chorros de semen dentro de su culo que no paraba de moverse y yo de apretarlo, bombeaba y seguía teniendo mi orgasmo. Sentí que ella apretaba más el culo para hacerme sentir rico y se tocaba con su mano su clítoris y hacía ruidos ricos de orgasmo, nunca se me va a olvidar eso.

Cuando terminamos nos metimos juntos a la ducha y no hablamos del tema, creo que los dos lo habíamos deseado por mucho tiempo y estaba de más hablar sobre ello. Yo me quedé con ella en mi cama y fue la noche más tranquila que haya pasado, no me preocupaba nada. Me la pasé acariciándola y haciéndole mimos en su cabello y sus piernas. Mi esposa y mi suegro llegaron bien temprano en la mañana, Vero ya se había levantado y bañado, estaba preparando el desayuno y había limpiado el desmadre que dejamos en la noche con las latas de cerveza y todo lo demás. En un minuto que nadie nos veía me besó y me dijo: “Desde ayer soy solo tuya y de nadie más”.

Hasta la fecha seguimos aprovechando cuando tenemos tiempo a solas, ahora estoy más enamorado de mi suegra de lo que estuve jamás de mi propia esposa.