Trio liberal y la primera vez que se la chupe a un tio

En esa ocasión por fin me animé a pedirle a mi esposa que intentáramos hacer un trío, ya que era una asignatura pendiente en nuestra exploración de pareja. Era algo que ella había considerado en sus fantasías pero nunca se imaginó que le pudiéramos hacer realidad. Con cierta excitación, me comentó que había un compañero en su trabajo que hacía tiempo que la cortejaba. Era un hombre soltero un poco menor que ella. Por supuesto, más joven que yo. Le pregunté si le atraía como para invitarlo a casa, a lo que me contestó que siempre le había llamado la atención, que incluso en alguna ocasión habían compartido besos y caricias después de algún festejo de la empresa en donde trabaja. Sin embargo, nunca había sido más que eso.
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Tambien hay sexo en los hospitales

Hola, amigos, mi nombre es Mario, soy soltero y tengo 24 años, os voy a contar una historia que me sucedió hace un año en una clínica de Valencia, la ciudad donde yo vivo.

Por mi profesión de futbolista, tuve que acudir a un centro médico a realizar el habitual reconocimiento médico de cada año, yo iba en pantalón corto y una camiseta ya que era el mes de julio y hacía mucho calor. En el centro médico me recibieron dos chicas, una que era la ayudante de unos 27 o 28 años, de pelo cobrizo largo y liso, con un flequillo que le daba cierto morbo, y otra más madura de unos cuarenta años, morena y de pelo recogido que fue la que se dirigió a mí.
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Divorciada saca la fiera que esconde

Mi nombre es Natalia, tengo 35 años, odontóloga y vivo en Buenos Aires. Hace un año me encontraba muy sola y triste después de haber pasado por la experiencia traumática de una separación. Con mi ex nos divorciamos después que empezamos a tener problemas sin solución en nuestro matrimonio. La situación se estaba volviendo más que intolerante por lo que decidimos ponerle un fin lo menos traumático posible.

Una íntima amiga, Roxana, siempre fue mi cable a tierra y me apoyó en todo momento para que pudiera superar el trance. Empezamos a salir juntas, íbamos a bailar, al cine, en fin, nos divertíamos. Ella me aconsejaba para que comenzara a salir con hombres, pero yo no tenía muchas ganas de tener relaciones ocasionales y mucho menos meterme en compromisos. Me contó que estaba saliendo con un tipo, Gabriel con el que solo se veían cuando tenían ganas. Lo había conocido a través de un chat y la pasaba más que espectacular. Con él hacía todo lo que tenía ganas sin tener que pedir permiso. Ella me describía con lujo de detalles dónde, cómo y cuándo lo hacía. Es más, él la inició en el sexo anal, cosa que antes ella siempre había evitado. Se encontraban en sus departamentos o si no en algún hotel.
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Infidelidad compartida con tu propia pareja

A los 19 años conocí, mientras estaba de vacaciones en Punta del Este, a una chica muy interesante que se convertiría en mi novia durante los próximos dos años y medio. Se llamaba María, tenía la misma edad que yo, era rubia, de ojos marrones, cuerpo atlético y grandes pechos.

De entrada nos llevamos muy bien en todas las áreas, especialmente en todo lo referente al sexo. Si bien ella no era una chica muy experimentada (bueno… tampoco era virgen) no temía probar cosas nuevas como el sexo anal. Otra cosa que nos excitaba mucho era tener sexo en lugares públicos y/o al aire libre. Empezando por los médanos de Punta, seguimos por lugares como los asientos traseros de un ómnibus mientras íbamos de Buenos Aires a Pinamar, el ascensor de su departamento, las escaleras del mismo edificio y otros, en el mar, en varias piletas de natación, y una noche hasta en el patio de una conocida Iglesia de Barrio Norte. En resumen, teníamos una vida sexual plena e interesante.
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Mis primeras experiéncias en un local liberal

Era la segunda vez que visitábamos el club. A pesar de que nuestra primera visita había sido más que positiva esta situación nos ponía algo tenso a ambos. Nos encontramos en tu casa para salir juntos. Apenas llegué noté que observaste que por la transparencia de mi camisa se veían mis pechos. Sentí el fuego de tu mirada tratando de penetrar mi abrigo.

Rozaste suavemente mis labios con los tuyos y me susurraste al oído que estaba hermosa. Llegamos y los coordinadores se acercaron a saludarnos. Buscamos un lugar cerca de una pista de baile y nos sentamos. Tomaste mi cara y me besaste tiernamente como soles hacerlo, sentí el sabor de tu saliva más saludable que nunca. Fuiste en busca de algo para tomar para nosotros y te esperé allí sentada, mirando algunas escenas interesantes. Pedro se acercó unos segundos después de que te levantaras y me preguntó si podía sentarse con nosotros. Comenzamos a hablar de obviedad es mientras contaba los segundos que faltaban para que regresaras.
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